Su amigo inseparable, el unicornio, le había dicho que solo con mucho amor y una gran confianza en sí mismo podría encontrarla; de lo contrario, era señal de que aún no estaba preparado para casarse.
El gnomo cogió su mochila, colocó las provisiones necesarias y se marchó rumbo al bosque de los sueños, donde consiguió todo aquello que se buscara con tesón.
La sexta noche el airgnomo vio a su estrellita fugaz caer en la espesura del bosque, y hacia allí se encaminó rápidamente.
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